Friedrich Froebel no sólo enseñó a los niños. Cambió por completo la forma en que vemos la primera infancia. Nacido en Oberweissbach, Turingia, en 1782, se convirtió en el arquitecto del moderno jardín de infancia. El concepto no era sólo un lindo nombre. Proviene de su término alemán para “jardín de niños”. Las plantas crecen cuando se les da espacio. Froebel creía que la misma lógica se aplicaba a los seres humanos.
Se inspiró en gran medida en Johann Heinrich Pestalozzi. Pero Froebel fue más allá. Se opuso a los rígidos ejercicios comunes en la escolarización del siglo XIX. Los niños no eran recipientes vacíos que debían llenarse de hechos. Eran agentes activos. Su método se centraba en la autoactividad. El juego no fue un descanso del aprendizaje. Fue el aprendizaje mismo.
La labor del docente no es adoctrinar. Se trata de fomentar la autoexpresión a través del juego.
Este cambio redefinió el papel del docente. En lugar de exigir silencio y obediencia, se pidió a los educadores que guiaran la exploración. Froebel fundó una escuela infantil en 1837 para poner a prueba estas ideas. Más tarde le cambió el nombre para reflejar su visión. El impacto se extendió hacia afuera. Influyó en gigantes posteriores como John Dewey. Hoy en día, la educación preescolar todavía lleva su huella.
Froebel murió en Marienthal, cerca de Bad Liebenstein, en 1852. Allí terminó su legado físico. Su filosofía educativa no.



















