Durante siglos, el Oráculo de Delfos en la antigua Grecia dominó a reyes, plebeyos e incluso a Alejandro Magno. La gente viajaba kilómetros en busca de profecías pronunciadas por Pythia, una sacerdotisa que supuestamente hablaba con la voz de Apolo mientras estaba en trance. Pero la fuente de sus visiones no fue la inspiración divina; Probablemente fueron los vapores de un fenómeno geológico natural.

El pneuma de olor dulce

Los escritores antiguos, incluido Plutarco, describieron el templo de Delfos como construido alrededor de un manantial que liberaba un gas de olor dulce llamado pneuma. La pitia se sentaba en un taburete trípode e inhalaba este gas para inducir su estado de éxtasis y profético. Los relatos detallan cómo la sacerdotisa podía gritar, ponerse histérica o incluso colapsar bajo los efectos, una prueba tan agotadora que varias mujeres compartieron el papel para evitar una tensión fatal.

Durante siglos, el misterio del gas persistió. ¿Fue real? Y si es así, ¿qué fue? Las primeras exploraciones científicas desestimaron los relatos, ya que no se encontraron fisuras importantes que explicaran tal emisión. Se suponía que los gases sólo se elevaban por la actividad volcánica y que Delfos carecía de volcán.

Placas tectónicas y gases de hidrocarburos

La arqueología moderna, impulsada por textos antiguos, ha descubierto la verdad. El geólogo Jelle Zeilinga de Boer notó una falla debajo del templo en la década de 1980. Las líneas de falla son lugares donde las placas tectónicas chocan entre sí, creando fricción y calor. Este calor puede transformar los hidrocarburos sólidos de la corteza terrestre en gases como metano, etano y etileno.

Las pruebas realizadas en el lecho de roca caliza porosa de Delphi en 1996 confirmaron la presencia de estos hidrocarburos. El gas ascendió a través de pequeños canales en la piedra y llegó a los pulmones de la sacerdotisa.

La ciencia del trance

El etileno, un componente clave del pneuma, es un compuesto orgánico ampliamente producido que se utiliza en la maduración de la fruta y, alguna vez, incluso como anestésico quirúrgico. La inhalación de altas concentraciones produce pérdida del conocimiento. Pero dosis más bajas y concentradas producen un estado mental alterado: lucidez mezclada con comportamientos extraños, agitación y pérdida de memoria.

El toxicólogo Henry Spiller encontró sorprendentes paralelismos entre la intoxicación por etileno y el trance descrito por la Pythia. El olor dulce, como señaló Plutarco, combina perfectamente con el etileno. La inhalación prolongada conllevaba riesgos para la salud, lo que explica por qué el mandato de la sacerdotisa era a menudo de corta duración.

La realidad geológica duradera

Hoy entendemos que la actividad tectónica puede liberar gases incluso sin volcanes. La piedra caliza porosa de Delfos permitió que los hidrocarburos se filtraran hacia arriba, acumulándose en la cámara del templo donde se encontraba la Pythia. Hoy en día todavía surge algo de gas del agua subterránea, que en ocasiones es letal para las aves.

Delfos se distingue de otros oráculos por su mención explícita del gas de olor dulce. Otros sitios, como Hierápolis, utilizaban diferentes gases (dióxido de carbono) en rituales religiosos, pero la geología única de Delfos lo convertía en el único lugar donde un trance inducido por gas era abiertamente parte de la experiencia sagrada.

El declive del Oráculo, como observó Plutarco, puede haberse debido a la obstrucción de canales o a cambios sísmicos que alteraron las rutas del gas. Pero una cosa queda clara: el Oráculo de Delfos no era un psíquico; ella era un fenómeno geológico.