El informe Estadísticas sanitarias mundiales 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ofrece una cruda advertencia: el progreso global hacia los objetivos de salud de las Naciones Unidas para 2030 no solo se está estancando sino que se está revirtiendo en áreas críticas. Si bien algunos indicadores muestran una mejora, la trayectoria general sugiere que décadas de logros obtenidos con tanto esfuerzo corren el riesgo de verse anulados por una falta de financiación sistémica y datos fragmentados.

El costo de la pandemia y más allá

El hallazgo más aleccionador del informe es la enorme magnitud de las vidas perdidas durante la reciente era de la pandemia. Entre 2020 y 2023, la OMS estima aproximadamente 22 millones de muertes adicionales en todo el mundo, una cifra muy superior a lo que los recuentos oficiales de muertes sugirieron inicialmente. Este aumento de la mortalidad borró efectivamente casi una década de progreso en la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable logrado entre 2019 y 2021. Aunque estas métricas han experimentado un ligero repunte, la recuperación ha sido desigual, dejando a muchas poblaciones vulnerables.

Más allá del impacto inmediato de la pandemia, las tendencias a largo plazo de las enfermedades infecciosas están empeorando:
* La incidencia de la malaria ha aumentado, revirtiendo disminuciones anteriores.
* La cobertura de vacunación contra el sarampión sigue estando por debajo del umbral necesario para prevenir brotes.
* Las tasas de mortalidad materna e infantil**, si bien siguen disminuyendo, lo están haciendo a un ritmo más lento.

Estos reveses ponen de relieve una frágil infraestructura sanitaria mundial que tuvo dificultades para mantener los servicios de rutina durante la crisis y no se ha recuperado por completo desde entonces.

Puntos brillantes en un paisaje cada vez más oscuro

En medio de las tendencias preocupantes, el informe identifica varios avances positivos que demuestran la eficacia de los esfuerzos sostenidos de salud pública. Desde 2010, se han logrado avances significativos en la reducción de riesgos específicos para la salud:
* Infecciones por VIH: Los casos nuevos han disminuido en un 40 por ciento.
* Enfermedades tropicales desatendidas: Las tasas de afecciones como el dengue y la lepra han disminuido.
* Consumo de sustancias: Tanto el consumo de alcohol como el de tabaco continúan una tendencia a la baja que comenzó en 2010.

Estos éxitos demuestran que las intervenciones específicas funcionan. Sin embargo, también plantean una pregunta crítica: si los recursos pueden reducir el VIH y el consumo de tabaco, ¿por qué no logran detener el aumento de la malaria o estabilizar la cobertura del sarampión? La disparidad sugiere que la financiación y la voluntad política se están aplicando de manera desigual en los diferentes desafíos de salud.

La crisis de datos y las amenazas de financiación

Una complicación importante a la hora de evaluar la salud mundial es la calidad de los datos en sí. La OMS destaca que las estadísticas actuales están incompletas. Muchos países no informan datos con frecuencia ni de forma exhaustiva, y los sistemas de vigilancia se han visto afectados por los recortes en la ayuda sanitaria extranjera tras la pandemia.

Esta laguna de datos no es sólo un inconveniente estadístico; oscurece el verdadero estado de la salud mundial y obstaculiza una respuesta eficaz. Además, los datos del informe cubren solo hasta 2024. Aún no reflejan el impacto potencial de los recientes recortes de fondos de Estados Unidos a la ayuda exterior o la decisión de la administración Trump de retirarse de la OMS. Los funcionarios de la OMS advierten que si estas tendencias continúan sin una inversión revitalizada, los indicadores de salud globales probablemente se deteriorarán aún más, provocando una reversión más profunda de los avances pasados.

Un llamado a una inversión renovada

La publicación de este informe coincide con el inicio de la Asamblea Mundial de la Salud, la reunión anual donde los estados miembros establecen las prioridades y políticas de la OMS. El momento es deliberado y sirve como un recordatorio urgente para los líderes mundiales.

“Necesitamos sistemas de salud más sólidos, inversiones sostenidas y una mejor calidad de los datos”, afirmó Yukiko Nakatani, Subdirector General de Sistemas de Salud de la OMS. “El informe es un recordatorio urgente para los estados miembros y todos los socios de salud juntos: debemos reorientar los esfuerzos, salvaguardar los logros obtenidos con tanto esfuerzo y renovar el progreso”.

El mensaje es claro: la ventana para asegurar la estabilidad sanitaria mundial se está reduciendo. Sin sistemas más sólidos y una financiación constante, el mundo corre el riesgo de perder terreno tanto ante las amenazas emergentes como ante las enfermedades establecidas.