Durante décadas, los Everglades de Florida han estado enfrascados en una batalla perdida contra un depredador invasor: la pitón birmana. Estas enormes serpientes, que pueden alcanzar longitudes de más de 20 pies, han diezmado las poblaciones de vida silvestre nativa desde su introducción en la región en la década de 1970. Ahora, los científicos están recurriendo a una estrategia controvertida pero potencialmente revolucionaria para rastrearlas y controlarlas: utilizar zarigüeyas locales como faros biológicos.
De datos accidentales a estrategia intencional
La idea de este experimento nació de un frustrante revés. En 2022, los biólogos A.J. Sanjar y Michael Cove, del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, comenzaron a estudiar los patrones de movimiento de las zarigüeyas colocándoles costosos collares de seguimiento. Sin embargo, rápidamente descubrieron una triste realidad: las pitones se estaban comiendo a los mismos animales que intentaban estudiar.
Cada vez que se consumía una zarigüeya, los investigadores perdían no sólo un punto de datos, sino también aproximadamente 1.500 dólares en equipos.
En lugar de ver estas muertes como meros fracasos, el equipo vio un patrón. Cada pitón que se comió una zarigüeya con collar fue posteriormente sacrificada por los conservacionistas. Esto llevó a una pregunta provocativa: ¿Podrían los investigadores utilizar zarigüeyas como cebo intencional para localizar y eliminar pitones?
El nuevo experimento: seguimiento de bajo coste
Después de perfeccionar la logística y conseguir nueva financiación, los investigadores están avanzando con un enfoque más rentable. En lugar de los collares de 1.500 dólares, han desarrollado dispositivos de seguimiento de 190 dólares mucho más baratos.
El plan implica:
– Desplegar al menos 40 zarigüeyas con collar en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Crocodile Lake en Key Largo.
– Seguimiento de las señales de los collares.
– Identificar cuando una señal se origina desde el interior del estómago de una serpiente.
– Localizar y eliminar la pitón para reducir la población invasora.
El dilema ético y ecológico
Esta estrategia plantea importantes cuestiones éticas con respecto al uso de la vida silvestre nativa para combatir especies invasoras. Los críticos podrían considerar que el despliegue de animales en una zona de depredadores conocida los pone en peligro. Sin embargo, los administradores de vida silvestre argumentan que el “daño” es una realidad existente del ecosistema; los investigadores simplemente están utilizando esa realidad para recopilar datos procesables.
“No vamos a poner a estos animales en peligro”, afirmó Jeremy Dixon, director del Refugio Nacional de Vida Silvestre Crocodile Lake. “La vía del daño está ahí. Simplemente estamos documentando lo que está sucediendo”.
Al poner en su contra los hábitos alimentarios de la pitón, los científicos esperan transformar un trágico suceso ecológico en una herramienta de precisión para la conservación.
Por qué esto es importante
La pitón birmana es un superdepredador altamente eficiente perfectamente adaptado a los humedales subtropicales de Florida. Los métodos de caza tradicionales, que van desde búsquedas manuales hasta el uso de presas robóticas, han tenido dificultades para mantenerse al día con su rápida propagación. Si este método de “caballo de Troya” tiene éxito, podría proporcionar una forma escalable y basada en datos de rastrear y eliminar poblaciones invasoras en entornos densos y difíciles de navegar.
Conclusión
Al utilizar tecnología de seguimiento de bajo costo en zarigüeyas nativas, los científicos pretenden convertir el apetito de un depredador invasor en una hoja de ruta para su propia eliminación. Este experimento representa un cambio hacia el uso de los comportamientos naturales de un ecosistema para restablecer su equilibrio.























