Un nuevo estudio de las Girl Scouts de EE. UU. revela que las niñas de tan solo cinco años están profundamente integradas en la vida digital y experimentan tanto sus beneficios como sus presiones. La encuesta realizada a 1.000 niñas negras e hispanas destaca la influencia generalizada de las redes sociales y las tendencias en línea en sus interacciones sociales y bienestar emocional. Esto se produce mientras las escuelas consideran la posibilidad de prohibir los teléfonos celulares y los legisladores debaten sobre restringir el acceso para niños menores de edad; sin embargo, la realidad es que los espacios digitales son ahora fundamentales para la forma en que socializan las niñas.

La normalización de la conectividad constante

La investigación encontró que casi todas las niñas encuestadas pasan tiempo en línea, y el 60% de las de entre 5 y 7 años lo hace a diario. Entre las niñas mayores (8-13), el 43% está en línea tres o más horas al día. Fundamentalmente, el 46% afirma sentirse obligado a permanecer en línea incluso cuando no quiere, impulsado por el miedo a perderse algo (FOMO). Esta presión se intensifica con la edad, especialmente entre los 11 y 13 años.

Esto no se trata solo de entretenimiento. Las niñas usan plataformas digitales para mantener amistades, mantenerse informadas sobre las tendencias y perseguir sus intereses. Pero la necesidad constante de estar conectadas tiene consecuencias emocionales reales: el estudio encontró que las niñas a menudo se sienten más solas cuando están desconectadas, aunque sea brevemente.

“La conclusión no es que los dispositivos sean intrínsecamente buenos o malos, sino que el uso intencional y la desconexión intencional son importantes”. – Danielle Shockey, Girls Scouts de EE. UU.

El dilema de las vacaciones: el apego a los dispositivos

El estudio adoptó un enfoque inusual para medir el apego preguntando a las niñas cómo se sentirían si estuvieran de vacaciones sin acceso a Internet. Casi el 40% de las niñas de todos los grupos de edad dijeron que preferirían saltarse las vacaciones por completo antes que desconectarse. Este hallazgo subraya cuán profundamente arraigada se ha vuelto la vida digital en sus rutinas.

El cambio es claro: las vacaciones sin Wi-Fi son ahora una experiencia desconocida, incluso indeseable, para muchos. La accesibilidad constante que brindan los teléfonos inteligentes y las redes sociales ha borrado los límites tradicionales entre la vida en línea y fuera de línea.

Conciencia de las huellas digitales: pero no siempre para las niñas más jóvenes

La investigación también examinó la comprensión de las niñas sobre las consecuencias a largo plazo de su actividad en línea. Si bien casi el 80% de los niños de 11 a 13 años reconocen que sus publicaciones pueden afectar su futuro, esa cifra cae al 52% o menos para las niñas más jóvenes.

Esta disparidad pone de relieve la necesidad de una educación temprana en alfabetización digital. Las niñas deben comprender que contenidos aparentemente inofensivos pueden resurgir años más tarde, afectando sus oportunidades en educación, empleo y liderazgo comunitario.

El papel de los adultos: distracción e influencia

El estudio encontró que las niñas son muy conscientes de las distracciones de los adultos: aproximadamente la mitad informó tener dificultades para llamar la atención de sus padres debido al uso de su propio teléfono. Esto subraya la hipocresía de esperar que los niños se desconecten cuando los adultos suelen modelar una conectividad constante.

El hallazgo más significativo puede ser que el aburrimiento es uno de los principales impulsores del tiempo frente a la pantalla. Si bien el tiempo excesivo frente a la pantalla no daña automáticamente la salud mental, las investigaciones muestran que las interacciones dañinas (bullying, presión, contenido extremo) son preocupaciones importantes. Los adultos deben prestar atención a cómo los jóvenes experimentan Internet, no sólo a cuánto tiempo pasan allí.

Conclusión

La investigación de las Girl Scouts ofrece una mirada aleccionadora a las realidades digitales de las niñas. La presión para permanecer en línea, el miedo a perderse algo y la falta de conciencia sobre las consecuencias a largo plazo apuntan a una necesidad crítica de orientación intencional por parte de los adultos. La alfabetización digital, las conversaciones abiertas y el modelado de hábitos saludables son esenciales para empoderar a las niñas a navegar estos espacios de forma segura y confiada. La clave no es prohibir la tecnología, sino dotar a los jóvenes de las habilidades y el apoyo que necesitan para prosperar en un mundo conectado.