El vómito fosilizado, un hallazgo paleontológico conocido como regurgitalita, ha revelado una instantánea de las interacciones depredador-presa hace 290 millones de años, antes de la era de los dinosaurios. Este descubrimiento, detallado en un estudio reciente de Scientific Reports, proporciona evidencia directa poco común de lo que comían los animales antiguos y cómo procesaban sus comidas.

El sitio Bromacker y el descubrimiento

El fósil fue desenterrado en el sitio de Bromacker en Alemania, un lugar ya conocido por su excepcional preservación de los primeros ecosistemas terrestres. Este valle, que data del período Pérmico, aparentemente estuvo habitado por numerosos herbívoros y depredadores que se alimentaban de ellos. Inicialmente, la regurgitalita en sí no parecía nada llamativa, hasta que una limpieza meticulosa y una tomografía computarizada (TC) revelaron su contenido oculto: 41 huesos pequeños que representan tres especies distintas.

Distinguir el vómito de las heces: un desafío científico

Identificar regurgitalita versus coprolita (heces fosilizadas) no siempre es sencillo. Los investigadores determinaron que este espécimen fue vomitado en lugar de defecado debido a dos factores clave. Primero, los huesos de las patas del animal de presa más grande todavía estaban conectados, lo que indica que no habían pasado completamente por el sistema digestivo. En segundo lugar, el material circundante tenía un bajo contenido de fósforo, a diferencia de la materia fecal típica.

¿Qué comieron?

Los huesos pertenecían a dos pequeños reptiles y a un animal parecido a un reptil más grande. Esto sugiere que uno de los dos depredadores del sitio Bromacker – Dimetrodon teutonis o Tambacarnifex unguifalcatus – consumió a estas criaturas. Ambos eran sinápsidos, primeros parientes de los mamíferos, que alcanzaban longitudes de 20 a 30 pulgadas sin cola. El descubrimiento confirma que estos depredadores cazaban y consumían activamente animales más pequeños en la misma región.

Por qué esto es importante

Este fósil es importante porque proporciona evidencia directa de un depredador que se alimenta de múltiples especies de presas en una sola comida. Refleja comportamientos observados en animales modernos como los búhos y los dragones de Komodo, que también regurgitan restos no digeribles. Más importante aún, demuestra que las tres especies vivieron y murieron en el mismo estrecho período de tiempo (posiblemente incluso el mismo día), lo que ofrece una ventana única a las antiguas relaciones ecológicas.

Este hallazgo subraya cuán rara es la evidencia directa de comportamientos alimentarios antiguos y cómo incluso los fósiles poco apetecibles pueden revelar información crítica sobre los ecosistemas prehistóricos.

El estudio destaca el valor de los fósiles pasados ​​por alto, demostrando que incluso los productos “de desecho” pueden iluminar la dinámica de la vida mucho antes de que los dinosaurios gobernaran la Tierra.