LAS VEGAS – El Consumer Electronics Show (CES) 2026 dejó una cosa clara: la inteligencia artificial ya no se limita a las pantallas. En cambio, está avanzando hacia el mundo físico a través de robots diseñados para trabajos prácticos, aunque el camino a seguir no está exento de obstáculos.

Del espectáculo a la utilidad: el cambio en la robótica

Durante años, las demostraciones de robótica se centraron en acrobacias llamativas: robots corriendo maratones o realizando parkour. Ahora, los líderes de la industria están girando hacia aplicaciones más realistas. Robert Playter, director ejecutivo de Boston Dynamics, señaló que el “trabajo útil” en campos como la minería, la construcción y la logística es donde la automatización realmente se afianzará. Este cambio reconoce que los altos costos de la robótica sólo se justifican cuando se aplican a tareas costosas y repetitivas.

El avance hacia el pragmatismo no se trata sólo de funcionalidad. La confianza está emergiendo como una barrera crítica. A diferencia de los primeros sistemas de IA limitados a ventanas de chat, donde los errores eran meras molestias, los errores en la IA física pueden ser peligrosos. Un incidente reciente que involucró a un robotaxi Zoox en Las Vegas, que se detuvo en un cruce de peatones, dejando a los peatones confundidos, subraya la necesidad de que los robots sean predecibles.

El desafío de la confianza y la transparencia

Los expertos del CES enfatizaron que la IA física debe ser “transparente en su pensamiento y movimientos” para que los humanos puedan entender qué esperar. Esto es esencial para generar confianza en sistemas como los vehículos autónomos, donde un comportamiento impredecible puede tener consecuencias catastróficas.

Lograr esta transparencia requiere un aumento en la potencia informática. La demanda de modelos de IA más avanzados está superando el ritmo de desarrollo de chips, lo que obliga a los fabricantes a acelerar los ciclos de innovación. Sin embargo, chips aún más rápidos no resolverán el problema subyacente: la enorme escala del despliegue de la IA está elevando el consumo de energía y los costos. La infraestructura necesaria para soportar que la IA funcione “en todas partes, todo el tiempo” simplemente no existe todavía.

La visión a largo plazo: exageración versus realidad

El entusiasmo que rodea a la IA física en el CES se hace eco de oleadas tecnológicas anteriores, como la Internet de las cosas (IoT) en 2010. Es inevitable cierta exageración, pero el tiempo dirá qué innovaciones perdurarán. La pregunta central no es si la IA se convertirá en parte de la vida diaria, sino cuándo y cómo. Si es así, los robots exhibidos en Mandalay Bay tendrán que hacer algo más que simplemente saludar a las cámaras; deberán realizar un trabajo confiable y útil.

El futuro de la IA tiene menos que ver con el espectáculo y más con los desafíos prácticos de integrar la inteligencia en el mundo físico. El viaje requerirá superar cuestiones de confianza, costos y limitaciones informáticas antes de que se pueda aprovechar todo el potencial de estas tecnologías.