La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a más del 14 % de los adultos en los EE. UU. y fue la novena causa de muerte a nivel mundial en 2023. Durante décadas, las opciones de tratamiento fueron limitadas y solo moderadamente efectivas. Sin embargo, los avances recientes en farmacología, en particular los medicamentos desarrollados originalmente para la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, ahora están revolucionando el cuidado de los riñones, aumentando la posibilidad no sólo de desacelerar, sino potencialmente revertir el deterioro renal.
La evolución del tratamiento de la enfermedad renal
Hasta hace poco, los inhibidores del sistema renina-angiotensina (RAS) eran la única clase de fármacos que se había demostrado que retardaban la progresión de la ERC. Si bien fueron útiles, estaban lejos de ser una cura. Los investigadores teorizaron que los medicamentos que abordan afecciones relacionadas, como la diabetes y las enfermedades cardíacas, también podrían beneficiar la salud de los riñones. Esto llevó a la investigación de agonistas del receptor de GLP-1 (como Ozempic), antagonistas de los receptores de mineralocorticoides (ARM) como la finerenona y inhibidores de SGLT2 como posibles tratamientos.
El auge de los inhibidores de SGLT2 y más allá
El punto de inflexión se produjo en 2019 con los ensayos de inhibidores de SGLT2, utilizados inicialmente para la diabetes tipo 2. Estos medicamentos demostraron ser eficaces no sólo para reducir la glucosa en sangre sino también para preservar la función renal. Estudios posteriores confirmaron estos beneficios incluso en pacientes sin diabetes, mostrando reducciones en los niveles de creatinina, eventos cardiovasculares y la necesidad de diálisis o trasplantes. Se ha demostrado que la combinación de inhibidores de SGLT2 con inhibidores de RAS reduce la progresión de la enfermedad renal en aproximadamente un 30%, añadiendo potencialmente más de 20 años a la vida útil de los riñones de un paciente.
El siguiente gran avance fue la finerenona, un ARM, que demostró mejores resultados cardiovasculares y redujo la progresión de la enfermedad renal en los ensayos. Fundamentalmente, el mecanismo de la finerenona difiere tanto de los inhibidores de SGLT2 como de los agonistas del receptor de GLP-1, lo que hace que las terapias combinadas sean aún más prometedoras. Estudios recientes indican que la combinación de finerenona con un inhibidor de SGLT2 produce beneficios aditivos : aproximadamente el doble de la eficacia de cualquiera de los fármacos por separado.
El potencial de los agonistas del receptor GLP-1
Finalmente, los agonistas del receptor GLP-1 (Ozempic, Wegovy), diseñados originalmente para la diabetes y la obesidad, han demostrado potencial en el cuidado de los riñones. Los ensayos confirman que la semaglutida reduce la insuficiencia renal, la muerte renal y la necesidad de trasplantes, incluso en pacientes no diabéticos. Estos medicamentos parecen actuar a través de múltiples mecanismos, incluida la pérdida de peso, el control de la presión arterial, la reducción de la inflamación y efectos potencialmente directos sobre los vasos sanguíneos de los riñones.
El futuro del tratamiento de la enfermedad renal
Los investigadores ahora están explorando combinaciones óptimas de fármacos, incluidos inhibidores de RAS, inhibidores de SGLT2, agonistas del receptor de GLP-1 y ARM. La Organización Mundial de la Salud ha reconocido la ERC como una importante prioridad de salud pública. El siguiente paso es aumentar la concientización, realizar pruebas de detección más amplias y garantizar un acceso equitativo a estos medicamentos que cambian la vida.
“Necesitamos mejorar nuestro juego. En lugar de simplemente esperar detener la progresión de la enfermedad renal, debemos intentar revertir el proceso”. —Maarten Taal, Universidad de Nottingham
La evidencia emergente sugiere que revertir el daño renal es biológicamente posible. Si bien se necesitan más ensayos para confirmar la dosificación simultánea de las cuatro clases de medicamentos, la trayectoria actual apunta hacia un futuro en el que la enfermedad renal no sólo se controle sino que potencialmente se cure.






















