Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU. han anunciado el fin de su apoyo a la investigación que utiliza tejido fetal humano, con efecto inmediato. La decisión, revelada por el jefe de los NIH, Jay Bhattacharya, cita tanto preocupaciones presupuestarias como el supuesto avance de “tecnologías alternativas validadas”.
Cambio en las prioridades de financiación
Los NIH, con un presupuesto de casi 48.000 millones de dólares, asignaron 53 millones de dólares en 2025 a 77 proyectos que dependen de tejidos fetales humanos. Estos abarcaban desde estudios sobre el VIH hasta investigaciones sobre medicina regenerativa y biología del desarrollo. Sin embargo, en el futuro, las subvenciones existentes permanecerán intactas, pero los fondos no podrán reasignarse para experimentos que involucren los propios tejidos. Según la secretaria de prensa del HHS, Emily Hilliard, los fondos de los NIH ahora están prohibidos para investigaciones que utilicen tejido derivado de abortos electivos.
Esta decisión fuerza efectivamente una segregación de la investigación: laboratorios como el de Jerome Zack de UCLA, que depende en gran medida del tejido fetal para estudios críticos, necesitarán aislar estos proyectos de otros trabajos financiados por los NIH. Zack enfatiza la falta de alternativas viables y afirma: “Existe cierta ciencia que simplemente no se puede prescindir de estos tejidos”. La financiación para dicho trabajo sigue siendo incierta, lo que crea un impedimento importante para la investigación en curso.
El debate científico
Los tejidos fetales humanos, obtenidos de abortos electivos o muertes fetales, han sido fundamentales en la investigación médica durante décadas. Los investigadores utilizan estas células para desarrollar vacunas, modelar enfermedades y estudiar el desarrollo humano temprano. Si bien los NIH permiten la financiación de tejidos procedentes de abortos espontáneos o muertes fetales, estas fuentes suelen ser inadecuadas para una investigación científica rigurosa.
La medida generó inmediatamente controversia, y los científicos argumentaron que se trataba de una decisión motivada políticamente y no científicamente justificada. Lawrence Goldstein de UC San Diego señala: “Si desea comprender las enfermedades durante las etapas fetales, necesita controles y orientación reales”. La falta de tejido fetal obstaculizará la investigación de enfermedades que se originan en el útero, donde el tejido fetal del mundo real es el modelo más preciso.
Una historia de interferencia política
Esta no es la primera vez que se restringen los fondos federales para la investigación de tejidos fetales. La administración de George W. Bush impuso limitaciones similares a la investigación con células madre embrionarias, y la primera administración de Trump enfrentó reacciones violentas por la investigación biomédica con tejido fetal. Una junta de revisión repleta de opositores al aborto bloqueó efectivamente casi todas las propuestas existentes en 2020. El presidente Biden revocó estas restricciones en 2021, pero la decisión actual de los NIH indica un regreso a las limitaciones anteriores.
La medida ha sido elogiada por grupos antiaborto como Susan B. Anthony Pro-Life America, mientras que los científicos argumentan que prioriza la política sobre el progreso científico. La experta en políticas sanitarias Alicia Ely Amin señala que los NIH vuelven a anteponer las consideraciones políticas a la experiencia científica, a pesar del consenso existente de que el tejido fetal sólo debe utilizarse cuando no existe un sustituto adecuado y bajo estrictas directrices éticas.
Las implicaciones a largo plazo siguen sin estar claras, pero esta decisión sin duda ralentizará o detendrá investigaciones críticas, lo que podría retrasar los avances en la medicina y el tratamiento de enfermedades.























