Durante siglos, el principio ha sido inmutable: los fregaderos de metal. Deja caer una moneda en agua y la gravedad dictará el resultado. Pero los recientes avances en la Universidad de Rochester han cambiado esta certeza, revelando un método para crear estructuras metálicas que desafían el hundimiento, incluso cuando están gravemente dañadas. Esto no es sólo una curiosidad científica; tiene implicaciones para la seguridad marítima, la energía sostenible y la comprensión fundamental de la ciencia de los materiales.

Imitando el ingenio de la naturaleza

La investigación, publicada en Advanced Functional Materials el 27 de enero de 2026, gira en torno a la superhidrofobicidad, una propiedad extrema que repele el agua. El equipo, dirigido por el profesor Chunlei Guo, utilizó láseres para grabar crestas microscópicas en tubos de aluminio, creando una textura similar a la tela de pana a nanoescala. Esta estructura atrapa el aire, impidiendo la penetración del agua y asegurando la flotabilidad.

“Puedes hacerles grandes agujeros”, afirmó Guo. “Demostramos que incluso si se dañan gravemente los tubos… todavía flotan”.

Esta técnica se inspira en el mundo natural. Las arañas buceadoras, por ejemplo, transportan una burbuja de aire bajo el agua atrapándola en finos pelos que cubren sus cuerpos. Las hormigas bravas utilizan principios similares, formando balsas flotantes durante las inundaciones que pueden sobrevivir durante más de doce días. Los tubos metálicos imitan este comportamiento, reteniendo el aire incluso en condiciones turbulentas gracias a un divisor interno que evita el escape.

Más allá del laboratorio: aplicaciones del mundo real

Los intentos anteriores de crear metal flotante, como incrustar esferas huecas en aleaciones de magnesio (NYU, 2015) o discos de grabado láser (laboratorio de Guo, 2019), enfrentaron limitaciones. Los discos eran inestables en aguas turbulentas, lo que permitía escapar el aire. El nuevo diseño del tubo supera este problema y mantiene la flotabilidad incluso bajo tensión.

Las implicaciones son significativas. La aplicación más inmediata radica en la ingeniería marítima. Imaginemos que los barcos construidos con estos materiales permanezcan a flote incluso con roturas en el casco: un punto de inflexión en materia de seguridad. Pero el potencial va más allá.

  • Recolección de energía de las olas: Los tubos podrían formar balsas capaces de generar electricidad a partir del movimiento de las olas.
  • Estructuras que soportan peso: Los tubos unidos podrían crear plataformas flotantes para diversos fines.

Los prototipos actuales miden aproximadamente medio metro de largo, pero el equipo de Guo ya ha multiplicado por siete la potencia del láser desde sus experimentos iniciales, lo que indica que la escalabilidad no es una barrera.

Por qué esto es importante

Este descubrimiento no se trata sólo de metal flotante. Destaca el poder de la biomímesis: aprender de las soluciones de la naturaleza. El efecto superhidrófobo se conoce desde hace mucho tiempo, pero su aplicación a un material estructuralmente sólido y escalable abre posibilidades completamente nuevas. El hecho de que esto se haya logrado mediante grabado láser lo hace relativamente accesible en comparación con los métodos anteriores.

La investigación también plantea preguntas sobre cómo vemos tradicionalmente las propiedades de los materiales. Si la densidad no es el único determinante de la flotabilidad, ¿qué otros supuestos fundamentales pueden cuestionarse? Este trabajo sugiere que la manipulación de las texturas de las superficies y la retención de aire podría redefinir nuestra comprensión del comportamiento de los materiales, lo que conduciría a más innovaciones más allá de las aplicaciones marítimas y energéticas.

En conclusión, el desarrollo del metal insumergible representa un cambio de paradigma en la ciencia de los materiales. Al aprender del mundo natural y perfeccionar las técnicas existentes, los investigadores han liberado un potencial que podría remodelar las industrias y redefinir los límites de la ingeniería.