Durante milenios, el vino ha estado entrelazado con la civilización humana: representado en el arte antiguo, celebrado en la literatura e incluso enterrado junto a los faraones. A pesar de su profunda historia, sigue siendo difícil identificar los orígenes de la vinificación moderna. Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature Communications revela que los humanos han estado cultivando variedades de uva específicas, incluida la querida Pinot Noir, mediante clonación durante al menos 600 años.
El Proyecto Genoma de la Uva
Los investigadores analizaron el ADN de casi 50 semillas de uva antiguas, recuperadas de sitios arqueológicos en toda Francia, que datan del año 2300 a.C. hasta el año 1500 d.C. Este lapso, desde la Edad del Bronce hasta finales de la Edad Media, ofrece una visión sin precedentes de la evolución de la viticultura. Los hallazgos muestran que se produjo un cambio fundamental alrededor del año 500 a. C., cuando los enólogos comenzaron a propagar uvas mediante clonación en lugar de depender únicamente de la domesticación silvestre.
Esto significa que comenzaron a tomar esquejes de vides existentes para cultivar otras nuevas, creando efectivamente copias genéticas. Si bien esta práctica no fue del todo inesperada, el estudio confirma su uso generalizado siglos antes de lo que se pensaba.
Pinot Noir: un favorito medieval
Lo que es particularmente sorprendente es el descubrimiento de una muestra de uva del siglo XV (la época de Juana de Arco) que es genéticamente idéntica al Pinot Noir moderno. Esto sugiere que esta variedad específica ya era muy valorada y no había cambiado durante siglos. Como explica Ludovic Orlando, autor principal del estudio, “lo mantuvieron como estaba, propagado como un clon, como una fotocopia, durante siglos, literalmente”.
Esto no se trata sólo de genética; habla de una preferencia humana duradera. El Pinot Noir no solo era popular en la Francia medieval; su atractivo se ha mantenido notablemente constante durante cientos de años.
Más allá del ADN: sabor y cultura
Si bien el estudio identifica el linaje genético del Pinot Noir, no revela si el vino sabía igual en el siglo XV que hoy. El sabor del vino es complejo, influenciado por la fermentación, el terroir y los aditivos. Sin embargo, el ADN puede proporcionar pistas sobre las características de la uva, como el contenido de azúcar y el tamaño.
En última instancia, el estudio subraya la doble naturaleza del vino: un producto biológico moldeado por la genética y un artefacto cultural que refleja el gusto y la tradición humanos.
La historia del vino, como señaló hace tiempo Plinio el Viejo, es también una historia de nosotros mismos. Nuestras preferencias revelan algo sobre nuestras culturas, y el hecho de que Pinot Noir se haya mantenido prácticamente sin cambios durante siglos es un testimonio de su atractivo duradero.























