Un esqueleto notablemente completo de Homo habilis desenterrado en la cuenca del lago Turkana, en el norte de Kenia, está remodelando nuestra comprensión de uno de los primeros ancestros de la humanidad. El descubrimiento, detallado en un nuevo estudio publicado el 13 de enero en Anatomical Record, proporciona información sin precedentes sobre una especie que vivió hace más de dos millones de años y cerró la brecha entre sus predecesores parecidos a los simios y los humanos modernos.
El rompecabezas del Homo habilis
Homo habilis ha sido reconocido durante mucho tiempo por su cerebro comparativamente grande y su cara más plana, lo que lo distingue de homínidos anteriores como Australopithecus africanus. Sin embargo, la naturaleza fragmentada de los restos descubiertos anteriormente dejó muchas preguntas sin respuesta. Este nuevo esqueleto, recuperado durante varios años a partir de 2012, ofrece una visión más holística. Los huesos incluyen un conjunto casi completo de dientes inferiores, clavículas, huesos del brazo y del antebrazo y fragmentos de la pelvis.
Un cuerpo construido de manera diferente
El análisis confirma que H. habilis poseía brazos largos y poderosos, más parecidos a los de los simios que a los de los humanos modernos. Sorprendentemente, el individuo también era relativamente pequeño, potencialmente incluso más pequeño que el famoso espécimen de Australopithecus afarensis de 3,2 millones de años conocido como “Lucy”. Esto desafía las suposiciones anteriores sobre una progresión lineal hacia tamaños corporales más grandes en las primeras especies Homo.
“Un hallazgo como este da esperanza”, dice William Harcourt-Smith, paleoantropólogo del Museo Americano de Historia Natural, destacando la importancia de los esqueletos completos para desentrañar los misterios evolutivos. “Nos muestra que el trabajo duro en el campo y su búsqueda constante generan importantes dividendos”.
Implicaciones para la evolución humana
Si bien el esqueleto aún no revela la imagen completa de H. habilis, el fragmento pélvico sugiere una postura más erguida que la de los homínidos anteriores. Comprender cómo H. habilis caminó y se movió es crucial para rastrear la evolución del bipedalismo humano. Como uno de los primeros miembros de nuestro género, Homo, los conocimientos sobre esta especie iluminan la trayectoria más amplia de la evolución humana.
“Este estudio subraya cuán cruciales pueden ser los descubrimientos de fósiles individuales”, dice Rebecca Wragg Sykes, investigadora honoraria de arqueología de la Universidad de Cambridge y la Universidad de Liverpool en Inglaterra. “Sólo unos pocos fragmentos nuevos pueden transformar nuestra visión no sólo de esa especie sino también de su contexto evolutivo”.
El descubrimiento subraya que la evolución humana temprana no fue una progresión simple y en línea recta. Más bien, fue un proceso complejo en el que las especies exhibieron rasgos que desafiaron las expectativas. El análisis en curso de este esqueleto promete perfeccionar nuestra comprensión del Homo habilis y su lugar en la historia de la humanidad.























