Recientes hallazgos arqueológicos en Pompeya han descubierto daños sorprendentes en las murallas de la fortificación del norte de la ciudad, ofreciendo una rara visión de la brutal guerra de la República Romana tardía. Los investigadores creen que estas marcas pueden ser la primera evidencia física de un arma legendaria y antigua de repetición: el polybolos.

El asedio del 89 a.E.C.

Los daños se remontan a un momento crucial en la historia de Pompeya. En el año 89 a. E.C., la ciudad fue asediada por un ejército de decenas de miles de personas liderado por el comandante romano Lucius Cornelius Sulla. Si bien Pompeya es más famosa por su destrucción a manos del Monte Vesubio en el año 79 E.C., este conflicto anterior fue una lucha violenta por el control que finalmente devolvió a la ciudad rebelde bajo la autoridad de la República Romana.

Las marcas fueron descubiertas durante excavaciones y estudios realizados desde 2024. Situados entre torres defensivas utilizadas por arqueros y exploradores, estos grupos de gubias fueron perfectamente conservados por las cenizas volcánicas del Vesubio casi un siglo después del asedio.

El Misterio de los Polibolos

Durante siglos, los polybolos existieron sólo en textos históricos. Fue descrito en el siglo III a.E.C. por el ingeniero griego Filón de Bizancio, quien detalló su mecánica pero lo descartó como una novedad poco práctica.

Lo que hace que el polybolos sea único entre la artillería antigua es su capacidad de disparar repetidamente:
Mecanismo: Similar a una ballesta gigante, utilizaba un “mecanismo de torsión” (hecho de fibra o pelo) para lanzar dardos con punta de hierro a altas velocidades.
El efecto “Cadena”: A diferencia de las catapultas estándar, presentaba un mecanismo similar a la cadena de una bicicleta moderna, lo que le permitía recargar automáticamente dardos.
Patrón de disparo: Las descripciones históricas sugieren que cuando se disparaba a un objetivo, el arma dejaba unas marcas de impacto distintivas, en forma de abanico.

Evidencia en la piedra

Para determinar si estas marcas fueron causadas por una catapulta estándar o un arma de repetición, los investigadores utilizaron modelado 3D y análisis matemático. Descubrieron que los ángulos y ranuras de las ranuras no se alineaban con los patrones de impacto típicos de las honda o las catapultas de un solo disparo. Más bien, la disposición se parece mucho a una “explosión” de fuego concentrada.

“Era un arma antipersonal utilizada para atacar a los arqueros que emergían de las almenas de arriba y de la poterna de abajo”, explica Adriana Rossi, autora principal e ingeniera de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli.

Si bien algunos historiadores, como Michael Taylor de la Universidad de Albany, sugieren que las marcas podrían ser simplemente el resultado de la reposición de una catapulta normal entre disparos, el patrón de “ametralladora” sigue siendo una posibilidad convincente.

Por qué esto es importante

Si la hipótesis es correcta, este descubrimiento proporciona la primera evidencia material de un arma que antes se pensaba que era puramente teórica. Además, destaca el ingenio táctico de comandantes romanos como Sila, conocidos por utilizar tecnología militar avanzada y altamente especializada para lograr la victoria.

El descubrimiento cierra la brecha entre la teoría de la ingeniería antigua y la realidad de la tecnología del campo de batalla romano, reescribiendo potencialmente nuestra comprensión de la antigua guerra de asedio.