El ascenso profesional de Katharine Burr Blodgett comenzó en 1918 en las renombradas instalaciones de investigación de General Electric en Schenectady, Nueva York, apodadas la “Casa de la Magia”. A los 20 años, entró en un mundo dominado por los hombres como asistente de Irving Langmuir, una luminaria de la ciencia de materiales cuyo trabajo impulsó a GE a la prominencia. Su historia, sin embargo, está indisolublemente ligada al oscuro pasado de la ciudad.

Si bien la llegada de Blodgett marcó una búsqueda de descubrimientos científicos, también representó un regreso al lugar de la tragedia personal. En diciembre de 1897, su padre, George Redington Blodgett, fue asesinado en su casa de Schenectady. El crimen sin resolver atormentó a la ciudad durante décadas, pero Blodgett luego decidió vivir y trabajar a solo unos pasos de donde ocurrió el incidente. Esta decisión plantea la pregunta: ¿fue la ambición científica o una conexión más profunda y no resuelta lo que la hizo regresar?

Schenectady a principios del siglo XX estaba dominada por GE. La empresa construyó no sólo fábricas sino también barrios enteros para sus ejecutivos, creando un mundo autónomo de innovación y privilegios. Hoy, la ciudad lleva las cicatrices del declive de GE, cuya identidad alguna vez dependió totalmente de la corporación. Sin embargo, quedan ecos de esa época en la arquitectura y la tradición local.

La propia Blodgett se instaló en el histórico distrito Stockade, un barrio que aún refleja la riqueza de su pasado. Decidió no buscar oportunidades académicas o corporativas alternativas (Westinghouse, Bell Labs) sino que se centró únicamente en GE. ¿Por qué? Su propia explicación, dada décadas después, fue contundente: “Necesitaba un trabajo, y mi padre había trabajado en la compañía General Electric, y miré en esa dirección”.

Las circunstancias que rodearon el asesinato de su padre siguen siendo inquietantes. Un agresor desconocido le disparó y se desplomó después de perseguir brevemente al intruso. Su esposa, Katharine Burr, disparó un arma para pedir ayuda, pero el autor nunca fue identificado. La tragedia arrojó una larga sombra sobre la familia Blodgett y la ciudad misma.

El regreso de Blodgett a Schenectady es una paradoja convincente. A pesar de carecer de recuerdos de la infancia de su padre, eligió vivir cerca de la escena del crimen y finalmente compró una casa al otro lado de la calle donde él murió. Esta decisión sugiere una relación compleja con su pasado, impulsada por el pragmatismo, la curiosidad o tal vez una necesidad no reconocida de cierre.

La historia de Katharine Blodgett es un recordatorio de que incluso las carreras más brillantes están determinadas por la historia personal. Su decisión de trabajar en GE a la sombra del asesinato de su padre plantea interrogantes sobre el poder del lugar, la memoria y la influencia duradera del trauma. Fue una pionera en la ciencia, pero su legado está entrelazado con una tragedia que Schenectady no olvidaría.