Los distritos escolares de Estados Unidos están repensando fundamentalmente cómo abordan las políticas educativas, pasando de supuestos no probados a investigación y desarrollo (I+D) rigurosos y en tiempo real. Ante la reducción de los presupuestos y la creciente presión para mejorar los resultados de los estudiantes, los líderes están priorizando la toma de decisiones basada en evidencia sobre los métodos tradicionales, a menudo ineficaces. No se trata de rechazar datos, sino de construir sistemas que realmente apoyen el aprendizaje a nivel local.

El problema actual de la “I+D” en educación

Durante demasiado tiempo, los distritos han operado de forma aislada, duplicando esfuerzos y desperdiciando recursos en programas con impacto cuestionable. Como dice Jillian Doggett de Digital Promise: “En este momento, la I+D en educación no se trata de experimentación; se trata de hacer apuestas más inteligentes con recursos limitados”. El sistema actual a menudo obliga a los distritos a adoptar programas a gran escala antes de confirmar si funcionan localmente, lo que lleva a desperdiciar fondos y perder oportunidades.

De las conjeturas a la evidencia: un nuevo enfoque

Superintendentes como el Dr. Robert Hill del Distrito Escolar de la Ciudad de Springfield en Ohio están liderando la carga. Hill sostiene que las pruebas y el perfeccionamiento continuos, en lugar de depender de modelos obsoletos, son esenciales para satisfacer las necesidades de los estudiantes. Su distrito es parte de un grupo asesor nacional que impulsa una investigación más receptiva y basada en datos.

El cambio no es sólo teórico. El equipo de Hill utilizó un modelo colaborativo para abordar el ausentismo crónico, analizando datos en tiempo real con distritos pares para identificar intervenciones efectivas. Este enfoque, centrado en la mejora continua, ya ha producido avances mensurables en la participación de los estudiantes y los resultados académicos.

Equidad a través de la investigación

Para la Dra. Audra Pittman del Distrito Escolar Unificado Conjunto Calistoga en California, la I+D es una cuestión de equidad. Si las prácticas actuales no funcionan para todos los estudiantes, ella cree que los distritos tienen la obligación moral de innovar sin descanso. El distrito de Pittman se está asociando con investigadores para examinar cómo las familias y el personal pueden colaborar de manera más efectiva, enfocándose no solo en si algo funciona, sino para quién y bajo qué condiciones.

La colaboración es clave

Ningún distrito puede hacerlo solo. Pittman enfatiza la importancia de las redes nacionales de aprendizaje donde los líderes prueban, comparten y perfeccionan prácticas. Estas conexiones brindan acceso a métodos emergentes y evidencia de impacto, lo que permite una toma de decisiones más rápida e informada. Doggett señala que este “tejido conectivo” permite que la I+D dirigida por el distrito avance rápidamente, aprenda en tiempo real y se extienda más allá de los sistemas individuales.

El obstáculo de la financiación

El mayor desafío sigue siendo la financiación. Las estructuras tradicionales a menudo exigen que los distritos se comprometan con programas específicos desde el principio, lo que sofoca las pruebas iterativas. Líderes como Hill y Pittman se reunieron recientemente con formuladores de políticas en Washington, D.C., para abogar por un modelo de financiamiento reinventado que priorice la flexibilidad y la inversión en I+D eficaz.

“Cuando estás rodeado de distritos de todo el país, recuerdas que la educación… es verdaderamente una cuestión bipartidista”, dice Pittman. “Estamos algo divididos ahora y esta es una oportunidad para volver a unirnos”.

El futuro de la educación depende de este cambio: de la fe ciega en métodos obsoletos a un enfoque colaborativo basado en datos que dé prioridad a los resultados de los estudiantes. Los distritos deben exigir los recursos y la libertad para experimentar, aprender y ampliar lo que funciona, en beneficio de cada estudiante.