El volcán Kilauea en la Isla Grande de Hawái entró en erupción el martes, desatando un espectacular despliegue de fuentes de lava que alcanzaron alturas de hasta 1.300 pies. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) informó que la erupción de nueve horas implicó emisiones “significativas de calor y cenizas”, además de la expulsión de materiales volcánicos en una amplia zona.
Detalles e impacto de la erupción
La erupción provocó que aproximadamente seis pulgadas de tefra (una mezcla de partículas de vidrio volcánico, rocas y cenizas) se acumularan cerca del volcán, llegando incluso a un campo de golf cercano. El fino vidrio volcánico en forma de hebra conocido como “cabello de Pele” fue arrastrado por las corrientes de viento hasta la ciudad de Hilo, a aproximadamente 30 millas de distancia.
El USGS estima que Kilauea liberó alrededor de 16 millones de yardas cúbicas de lava durante el evento, creando una columna de ceniza que se elevó por encima de los 30.000 pies en la atmósfera. Esto demuestra la actividad continua del volcán y el potencial de perturbaciones atmosféricas significativas.
Actividad frecuente desde 2024
El Kilauea ha estado en un estado de erupción casi constante desde diciembre de 2024, y el evento del martes marcó su 43º “episodio eruptivo” en ese período. Esta actividad sostenida resalta la naturaleza dinámica del volcán y la importancia del monitoreo continuo por parte del USGS.
La frecuencia de estas erupciones subraya la volatilidad geológica de Hawái y la necesidad de medidas de preparación continuas en la región. Si bien la actividad del Kilauea se monitorea de cerca, el comportamiento volcánico sigue siendo impredecible y es probable que se produzcan erupciones futuras.
