En las marismas costeras del sur de Texas se está desarrollando un ritual estacional. De febrero a mayo, los pollos de la pradera de Attwater machos (Tympanuchus cupido attwateri ) se dirigen a los “terrenos en auge” para realizar una exhibición de cortejo elaborada y de alta energía. Si bien el espectáculo parece una fiesta de baile, en realidad es una lucha crítica y de alto riesgo por la supervivencia y reproducción de una de las especies de aves más amenazadas en los Estados Unidos.
La mecánica del “terreno en auge”
El proceso de cortejo comienza a finales de enero cuando los machos se congregan en llanuras con pasto corto o a lo largo de caminos de tierra para establecer sus etapas. Este ritual es físicamente exigente y altamente coreografiado:
- El sonido: Los machos inflan grandes sacos de aire de color naranja brillante a los lados de la cabeza, produciendo un distintivo sonido “estruendoso” de baja frecuencia.
- El baile: Para captar la atención de una hembra, los machos realizan zapateos rápidos y rítmicos, que recuerdan al baile irlandés, mientras mantienen la cola erguida y las alas caídas.
- La competencia: La exhibición no siempre es pacífica. Los machos saltarán y cargarán unos contra otros para defender su territorio y estatus.
Curiosamente, la “escena de discotecas” de la pradera es muy exclusiva. La mayoría de las hembras evitan a las aves más jóvenes y optan por unos pocos machos mayores y con más experiencia. Esto significa que un pequeño número de machos dominantes realizan la mayor parte de la reproducción.
Un camino peligroso hacia la paternidad
Una vez que una hembra selecciona pareja, el foco pasa del espectáculo a la supervivencia. La pareja se aleja de los ruidosos terrenos en auge hacia los sitios de anidación: depresiones poco profundas en la pradera abierta ubicada aproximadamente a una milla de distancia.
Las probabilidades de criar con éxito a una nueva generación son escasas. Una gallina normalmente pone entre 8 y 13 huevos, que eclosionan después de aproximadamente 26 días. Sin embargo, el medio ambiente está plagado de peligros; se estima que sólo el 30% de los nidos sobreviven hasta la eclosión, ya que son constantemente cazados por depredadores como zorrillos, mapaches, coyotes, serpientes e incluso mascotas domésticas.
Esfuerzos de conservación y esperanza creciente
La supervivencia del pollo de las praderas de Attwater es una carrera contra el tiempo. La especie se enfrenta a una enorme crisis de hábitat: 98% de su hábitat original de marismas costeras se ha perdido debido a la reurbanización o la alteración ambiental.
Las cifras de población cuentan una historia aleccionadora:
– En 1993, había más de 400 aves en estado salvaje.
– Hoy en día, sólo quedan unos 200 individuos.
Actualmente, la especie sobrevive en sólo dos colonias aisladas en Texas: el Refugio Nacional de Vida Silvestre Attwater Prairie Chicken y una parcela protegida de terreno de rancho privado administrado por The Nature Conservancy.
A pesar de estos desafíos, hay señales de progreso. A través del Proyecto Refugio-Goliad Prairie, los conservacionistas han visto un repunte significativo en áreas específicas. En las tierras protegidas del rancho, la población ha estado creciendo aproximadamente 20% anualmente. Conteos recientes resaltan esta tendencia: si bien en 2025 se registraron 102 hombres en los terrenos en auge, ese número ha aumentado desde entonces a 138.
Este crecimiento sugiere que la protección específica del hábitat y la gestión activa pueden proporcionar un salvavidas para las especies al borde de la extinción.
Conclusión
Si bien el pollo de las praderas de Attwater enfrenta una depredación extrema y una pérdida masiva de hábitat, los proyectos de conservación dedicados están teniendo éxito, revirtiendo lentamente el declive de esta rara especie mediante un crecimiento poblacional estabilizado.
