La misión Artemis II de la NASA, programada para enviar astronautas a un sobrevuelo lunar, se retrasó al menos un mes debido a fugas de combustible de hidrógeno y otros problemas técnicos descubiertos durante una prueba crítica previa al lanzamiento. Mientras tanto, el sol desató una de las erupciones solares más poderosas en décadas, lo que generó preocupaciones sobre la interrupción de los satélites y puso de relieve la recuperación en curso de la capa de ozono, aunque nuevas sustancias químicas pueden plantear riesgos imprevistos. Finalmente, investigaciones recientes confirman que los bebés nacen con un sentido innato del ritmo.
Artemis II: Enfrentando obstáculos en el lanzamiento
La misión Artemis II, concebida como precursora de futuros alunizajes, tiene como objetivo hacer girar a cuatro astronautas alrededor de la luna durante un período de 10 días. El reciente “ensayo general húmedo” (un lanzamiento simulado que implica cargar completamente el cohete) reveló fugas persistentes de hidrógeno, un problema que anteriormente retrasó la misión Artemis I. A pesar de las soluciones anteriores, los ingenieros ahora están lidiando con el mismo problema, agregando meses al cronograma. La propia cápsula también experimentó un mal funcionamiento de la válvula de escotilla, lo que requirió ajustes adicionales antes del vuelo tripulado. La NASA ahora apunta a marzo como una posible ventana de lanzamiento, pero se necesitan más pruebas para garantizar la seguridad.
Actividad solar: llamaradas y auroras
El 1 de febrero, el Sol emitió una intensa llamarada solar de clase X, una de las más fuertes en tres décadas. Estos estallidos de radiación electromagnética pueden alterar las operaciones de los satélites, pero también desencadenar espectaculares auroras: exhibiciones de luces brillantes visibles en el cielo nocturno cuando partículas cargadas chocan con la atmósfera de la Tierra. El evento subraya la naturaleza volátil del sol y su influencia en el clima espacial.
Recuperación de la capa de ozono: ¿una compensación?
La capa de ozono, que protege a la Tierra de la dañina radiación ultravioleta, continúa recuperándose gracias al Protocolo de Montreal de 1987 que prohíbe las sustancias químicas que agotan la capa de ozono, como los CFC. Sin embargo, un nuevo estudio revela que la eliminación gradual de los CFC ha llevado a un mayor uso de ácido trifluoroacético (TFA), un PFAS “químico permanente”. Aproximadamente 370.000 toneladas de AGT han entrado a la atmósfera desde 2000, acumulándose en el agua potable y relacionados con riesgos para la salud, como disfunción inmune, alteraciones hormonales y problemas reproductivos. Esto sugiere que las soluciones ambientales a veces pueden crear complicaciones nuevas e imprevistas.
Bebés que nacen con ritmo: nueva investigación
Un estudio reciente publicado en PLOS Biology demuestra que los recién nacidos poseen un sentido innato del ritmo. Los investigadores utilizaron electroencefalogramas (EEG) para monitorear la actividad cerebral mientras reproducían canciones codificadas y sin codificar de Johann Sebastian Bach. Las ondas cerebrales de los bebés mostraron sorpresa cuando se alteraba el ritmo de las canciones, pero no cuando cambiaban las melodías, lo que indica una predisposición programada para la percepción del ritmo. Esto sugiere que la sincronización musical es un aspecto fundamental de la cognición humana desde el nacimiento.
Los hallazgos actuales sobre Artemis II de la NASA, las erupciones solares, la recuperación de la capa de ozono y el ritmo infantil subrayan cuán complejos y entrelazados están los sistemas naturales y creados por el hombre. Cada descubrimiento, retraso o amenaza plantea nuevas preguntas sobre el futuro de la exploración espacial, la salud ambiental y el desarrollo humano básico.
