Los seres humanos no son actores racionales; somos emocionales. Una nueva investigación confirma que el miedo, específicamente el temor a los resultados negativos, moldea nuestras decisiones mucho más poderosamente que la perspectiva de ganancias. Esto no es sólo una peculiaridad psicológica, sino un mecanismo central en la forma en que abordamos todo, desde las finanzas hasta la salud.
Los datos detrás del pavor
Un estudio publicado en Cognitive Science analizó datos de la Encuesta de Panel de Hogares Británica (BHPS), que realizó un seguimiento de más de 14.000 personas en el Reino Unido entre 1991 y 2024. Los investigadores descubrieron que las personas sienten el dolor emocional de una pérdida potencial mucho más intensamente que la alegría de una ganancia equivalente.
- El temor a perder 10 libras es emocionalmente más fuerte que la anticipación de ganar la misma cantidad.
- Las pérdidas experimentadas duelen aproximadamente el doble que las ganancias equivalentes.
Este desequilibrio no se trata sólo de cómo nosotros ; influye directamente en el comportamiento. Aquellos que experimentan emociones negativas más fuertes tienen muchas más probabilidades de evitar el riesgo por completo.
Aversión al riesgo e impaciencia: dos caras de la misma moneda
Los hallazgos del estudio también confirman un vínculo entre la aversión al riesgo y la impaciencia. Las personas que evitan pérdidas potenciales también prefieren la gratificación inmediata, incluso si las recompensas retrasadas fueran mayores. Esto no es irracional; es una forma de minimizar la carga emocional de la incertidumbre.
“La gente trata de evitar opciones con posibles resultados negativos y también prefiere que los resultados se resuelvan antes, para minimizar la carga emocional que experimentan: el miedo a anticipar malas noticias”. – Dr. Sam Johnson, Universidad de Waterloo.
Por qué esto es importante: el impacto en el mundo real
Las implicaciones son de gran alcance. El miedo a los resultados negativos explica por qué las personas:
- Retrasar los exámenes médicos: El temor a las malas noticias supera los beneficios de la detección temprana.
- Evite inversiones a largo plazo: El costo emocional de la incertidumbre desalienta el compromiso.
- Procrastinar en decisiones importantes: Centrarse en los peores escenarios paraliza la acción.
No se trata de estupidez o pereza; Es una parte fundamental de la psicología humana. Nuestros cerebros están programados para priorizar evitar el dolor sobre maximizar el placer, incluso cuando eso signifique perder beneficios a largo plazo. El estudio destaca que el temor anticipatorio puede ser tan poderoso que sigue siendo significativo incluso cuando se tienen en cuenta las diferencias individuales en personalidad, salud mental, ingresos y educación.
En última instancia, comprender este sesgo es clave para tomar mejores decisiones. Reconocer que el miedo influye desproporcionadamente en nuestras elecciones nos permite contrarrestar conscientemente ese impulso, aunque sea ligeramente.
