Casi un tercio de los adultos estadounidenses practican el “doomscrolling” (desplazamiento compulsivo por las redes sociales) y las generaciones más jóvenes son aún más propensas a este comportamiento. Esto no es accidental; Las plataformas están diseñadas para maximizar la participación, lo que plantea la pregunta: ¿pueden las redes sociales ser verdaderamente adictivas, como la nicotina o el alcohol? La respuesta, como sugieren los expertos y las demandas en curso, es compleja.
El debate sobre la adicción
La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) reconoce el “uso problemático de Internet” como una preocupación importante, y señala comportamientos como dificultades académicas y retraimiento social. Sin embargo, la AAP no llega a etiquetarlo como “adicción” universal. Mientras tanto, las demandas contra Meta, TikTok, YouTube y Snap alegan fallas de diseño intencionales que explotan la psicología humana.
Los expertos difieren en cuanto a la terminología. Jenny Radesky, de la AAP, enmarca el uso adictivo como una forma extrema de comportamiento problemático, mientras que Bradley Zicherman, de la Universidad de Stanford, sostiene que la adicción a las redes sociales es una condición real. Zicherman compara las plataformas con las máquinas tragamonedas: recompensas impredecibles (me gusta, seguidores, contenido viral) desencadenan la liberación de dopamina, manteniendo a los usuarios enganchados en un ciclo de anticipación.
Cómo la dopamina impulsa el compromiso
La dopamina, un neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa, refuerza las conductas. Si bien las drogas pueden secuestrar artificialmente este sistema, las redes sociales lo aprovechan de forma natural. Funciones como feeds infinitos y algoritmos basados en la participación están diseñados para mantener a los usuarios desplazándose.
Los estudios respaldan este vínculo: un análisis de casi 12.000 niños encontró que el aumento del uso de las redes sociales se correlacionaba con el aumento de los síntomas de depresión a lo largo del tiempo. Por el contrario, la participación moderada en las redes sociales (hasta 12,5 horas semanales) se asoció con un mayor bienestar en los estudiantes australianos mayores.
Los desafíos de la investigación
Surgen resultados contradictorios porque estudiar la adicción es difícil. Los datos autoinformados no son confiables e incluso el seguimiento del uso del teléfono no capta la imagen completa. Los escáneres cerebrales podrían ofrecer información, pero no reflejan el comportamiento de la vida real.
Los niños y adolescentes son especialmente vulnerables, lo que ha llevado a algunas plataformas (como Instagram de Meta) a introducir restricciones de edad y límites de tiempo. Sin embargo, estas medidas pueden resultar ineficaces, ya que los usuarios a menudo las eluden. Meta afirma utilizar IA para verificar la edad y fomenta el “Modo de suspensión” para reducir el uso nocturno.
El modelo de negocio de la atención
En última instancia, las empresas de redes sociales se benefician al maximizar la atención de los usuarios. Algunos usuarios recurren a plataformas para distraerse sin sentido, pero esto puede conducir a una “pérdida de agencia”. Las características de diseño (feeds infinitas, reproducción automática, optimización algorítmica) son inherentemente adictivas, ya sea intencionalmente o no.
Como dice Zicherman: “Ya sea que haya sido intencional o no, creo que simplemente está diseñado para ser adictivo”.
Puede que las plataformas de redes sociales no sean universalmente adictivas, pero sus estructuras explotan la psicología humana para mantener a los usuarios interesados, un hecho que las batallas legales en curso y la investigación científica continúan exponiendo.
